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Historia y Familia

Traditional hotel crest featuring heraldic symbols and the text Est. 1682.

El Alma de Góngora.

Orígenes Del Lugar

Mucho antes de que esta casa tuviera un apellido, el Aljarafe ya miraba al vino. Fenicios, romanos, musulmanes y cristianos cultivaron estas tierras; siglos después, desde Sevilla, sus vinos cruzarían el Atlántico rumbo al Nuevo Mundo.

El primer testimonio escrito de la bodega aparece en 1641. Ya entonces se hablaba de lagar, viñas y vasijas. Lo demás pertenece a ese territorio que Góngora conoce bien, donde los documentos terminan y empiezan las leyendas.

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La llegada de la Familia

La bodega llevaba casi dos siglos haciendo vino cuando José María de Góngora y Arando llegó a la entonces bautizada Pata de Hierro. Encontró una casa, un lagar, una viga y viñas a las que les deparaba un futuro extraordinario de la mano de los Góngora.

Amplió las tierras y abrazó una forma de criar el vino que uniría para siempre el nombre de Góngora a las soleras y criaderas. A partir de entonces, la familia y la bodega comenzaron a escribirse juntas.

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Generaciones

Jose María de Góngora abrió el capítulo.

Rafael de Góngora y Dávila, su hijo, estrechó la relación con las grandes casas de Jerez y llevó sus vinos hasta mercados internacionales, siendo premiados en la Exposición Universal de Paris de 1878.

Dolores de Góngora Iriarte tomó las riendas a finales del S-XIX y fue una de las primeras mujeres bodegueras de España.

Después vendrían nuevas formas de elaborar, embotellar y llevar Góngora más lejos. Cada época encontró su manera de continuar. Y cada una dejó algo para la siguiente.

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Una Forma De Hacer Las Cosas

Durante décadas, las grandes casas de Jerez llegaban hasta Góngora para seleccionar sus vinos bota a bota. La calidad se medía con rigor, pero también con la palabra dada, la confianza y unas formas donde una cata podía terminar alrededor de una mesa.

De aquellos rituales permanece algo más profundo que el protocolo: cuidar el detalle, respetar el oficio y entender que hacer bien las cosas también es una manera de recibir.

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Resistir y Preservar

En 1964, el cierre del mercado tradicional con Jerez hizo desaparecer de golpe buena parte del negocio de la bodega. Hubo caminos más fáciles: reducir, abandonar viñas, dejar atrás lo que ya no parecía rentable.

La familia eligió permanecer. Mantener el campo, los oficios y a las personas que dependían de ellos obligó a buscar otras maneras de seguir adelante. De esa necesidad nacieron nuevos vinos, nuevos mercados y una idea que aún permanece: preservar no es quedarse quieto

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Un Nuevo Capítulo

Hoy, Góngora vuelve a abrirse al mundo de una forma que nunca había hecho antes.

La bodega sigue haciendo vino. Pero ahora la casa se habita, el patrimonio se recorre, la gastronomía entra en conversación con el territorio y la cultura encuentra nuevos espacios donde suceder. Lo que durante siglos creció hacia dentro empieza también a compartirse hacia fuera.

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