la hospitalidad a lo largo de la historia
La casa
Durante generaciones, Casa Góngora fue creciendo al mismo tiempo que la familia y la bodega. Aquí se aprendía, se trabajaba, se recibía, se cocinaba y se seguía desde los balcones el ritmo del lagar. Las sobremesas se alargaban junto a la chimenea con un oloroso viejo mientras, apenas unos metros más allá, el vino continuaba haciendo su camino.
Por estas habitaciones pasaron Rafael de Góngora y Dávila, Ángeles de Góngora e Iriarte; José Gallego Góngora y Caridad Díaz de Urmeneta; sus hijas, conocidas en casa como “las niñas”; José María Gallego-Góngora Díaz; o la Tía Lola, cuyo carácter todavía asoma en los recuerdos familiares. Cada uno dejó una forma de estar, una costumbre, una pequeña historia.
Y los propios espacios fueron cambiando con ellos: hubo un archivo donde hoy se duerme, un laboratorio para estudiar los vinos, un oratorio privado, una pequeña aula y un lavadero cuya polea aún permanece junto a la ventana.
Así se fue haciendo la casa: entre vidas domésticas y vida de bodega, entre lo que sabemos que ocurrió y aquello que el tiempo convirtió en leyenda.
Hoy, por primera vez, sus puertas se abren al viajero. Casa Góngora, miembro de Relais & Châteaux, invita a habitar durante unos días un lugar que no ha sido recreado para parecer vivido: lleva siglos estándolo.












